Posted by admin | Posted in Testimonios | Posted on 10-06-2010
Etiquetas: campamentos, Entrevistas, II medio, Testimonios
Para los jóvenes asistentes a los primeros campamentos escolares de 2010 en El Refugio, todos ellos parte de distintos cursos de II medio, la experiencia fue algo que marcó sus vidas.
Y es que la suma de emociones vividas en el incomparable ambiente natural de este enclave de la Quinta Región convierte a estos campamentos en episodios inolvidables para los muchachos.
Los segundos medios A, B y C fueron testigos de ello. Algunos de los alumnos ya conocían El Refugio, otros no. Pero todos coinciden en muchas de las ideas que exponen.
Sin ir más lejos, todos los entrevistados concuerdan en rescatar como gran aporte de los campamentos el hecho que permiten establecer fuertes lazos entre compañeros de curso, situación que no siempre logran en la sala de clases.
“Antes de ir al campamento, el curso estaba compuesto por pequeños grupos, amigos entre sí, pero con poca relación con compañeros de otros grupos; después del campamento nos convertimos todos en muy buenos amigos”, resume Nicolás Sáez del II medio B, quien agrega que “ahora somos todos hermanos”.
Tania Donoso, alumna del II C, quien además participa de un grupo de scouts, remarca que este tipo de campamentos refuerza intensamente los lazos de amistad, gracias a que “todos vivimos y compartimos experiencias muy lindas, especialmente en el fogón (momento nocturno de convivencia) el que nos unió definitivamente”.
Para Matías Batallé, del mismo curso que Tania, fue además una experiencia especial, pues vivió el primer cumpleaños de su vida sin su familia, en El Refugio. Y no se arrepiente. “En el fogón todos me saludaron; sentí el cariño de mis compañeros“, afirmó.
Otro joven que vivió de manera especial su campamento fue Matías Márques del II medio A, quien recién este año se integró al Colegio Alcántara de Peñalolén. El aún vivía un proceso de integración en su curso. “Ir al campamento fue como un desahogo, pues pude conocerlos bien a todos. Me sentí muy acogido“, destacó.
Superar el circuito de arborismo es una de las actividades que los jóvenes destacan entre sus favoritas, pues ofrece importantes dificultades que obligan a la aplicación de diversas destrezas.
Y como el circuito no es sencillo, muchos deben entregar su mayor esfuerzo. Ese fue el caso de Catalina Ñancupil del II medio A, que no lograba finalizar una de estas pruebas. Lo intentó varias veces. No se dio por vencida. Se esforzó al máximo. Hasta que lo logró. “Fue emocionante porque luego de eso el Mauri (Mauricio Soto, coordinador de los campamentos) me destacó por mi garra”, afirma Catalina.
Estas son las experiencias que este grupo de jóvenes atesorarán para toda su vida y que hacen de El Refugio un lugar tan especial para tantos muchachos.

